martes, 7 de octubre de 2008


Lo vi pegado a la tierra ladrando a tu lado y fumando un cigarro de esos que tú nunca fumarás. Siendo sincera para variar, no era del tipo cuchi que uno se agacha y acaricia, no hace que con voz chillona simulando un niño con sinusitis diga alguien “que liiindo”, no que va, pero era del tipo tierno que quisiera para mí. Su piel era de un rojo muy conservador, imaginaba otra cosa aunque ahora no se que podría ser. En fin, caminabas tú distraído y lo vi corriendo a tu lado algo cansado porque es difícil llevarte el paso. Vociferaba cosas que no entendí que no logré escuchar siquiera. Te alejaste rápidamente y él contigo.

No tuve tiempo de advertirte que debías tener cuidado al cruzar las calles porque los carros pocas veces ven esas cosas, incluso a las personas les cuesta y tu eres tan despistado que esperarás el alarido del pobre para recordar que iba a tu lado. Pegado a la tierra.

No te preocupes si no lo vez o no lo sientes.
Debe estar por allí alzando la pata, marcando territorio.
Ya llegará con algún nuevo remiendo.