miércoles, 16 de julio de 2008

MAMA, MAMA, EN LA ESCUELA ME DICEN EMO


De pequeña era una niña brillante con el cabello lacio negro. Eso era, y con esa definición se sentía conforme.

Al crecer las cosas se complicaron un poco, YA NO ERA UNA NIÑA BRILLANTE, ni siquiera era una mujer brillante. Entonces que era? Esta pregunta hizo que se deprimiera un poco, salió con su camisa negra y sus zapatos fucsia con el cabello chorreado sobre su cara triste; y todos dijeron “ERES TAN EMO” entonces fue feliz, ya sabía lo que era, volvía a tener una definición. Con su recién adquirida identidad anduvo un rato y se dio cuenta que a muchos les incomodaba su nueva raza al punto de ser perseguida y golpeada, lo que hizo que la nueva, decidiera hacer justicia.

Se vistió de negro para que no la vieran en la oscuridad, ató su cabello como mejor le convino, se pintó los ojos de negro para que notaran que estaba enojada. Armada con toda su rabia y todas sus ganas de venganza se dio cuenta que estaba del otro lado de la moneda, los que antes eran sus posibles agresores ahora la recibían como una ellos. Mi niña aún tenia ganas de golpear algo o quemar a alguien y todos pensaron “QUE SEXY PUNK” pero la rabia no le duró para siempre y el maquillaje hacia que le ardieran los ojos, a demás era poco practico tener que retocarlo cada tanto. Así que se despidió de sus bélicos amigos y continuó.

La ansiedad, la pregunta en la garganta necesitaba una respuesta. Se acostó con uno, con dos, con tres, se detuvo, tragó grueso todo aquel líquido viscoso y dijo “SOY UNA PUTA”. No era algo de lo que su mamá estaría orgullosa pero ella sentía que volvía a nacer, aunque esta última semana le había procurado un renovado sentimiento de culpa. Caminó orgullosa con su falda de cuero azul eléctrico sacada de alguna vaca radiactiva y tropezó con una dama que llevaba otra igual (debió ser una gran vaca). Esta mujer se había acostado con tres hombres en tres días, con tres en una noche, con tres en una hora, al mismo tiempo y había cobrado muy bien por eso, y fue allí que mi niña lo supo, “no era una puta”, agradeció la atención de la amable señora y se marchó. Triste y convencida de no tener respuesta a la pregunta que seguía obstinada en su garganta, tomó un largo baño… una hora, dos horas, tres horas, extrañó a sus tristes amigos cuyo cabello en medio de la cara solo los dejaba ver la mitad de su realidad, cuatro horas, cinco horas, seis horas, pensó en que estarían haciendo sus coléricos compañeros de los pantalones ajustados. Siete horas, ocho horas, nueve horas, casi pudo escuchar los falsos orgasmos de su recién adquirida amiga. Pensó en el calentamiento global y cerró la ducha.

Salió por fin de su largo baño, limpió el espejo y contemplando la falta de reflejo sonrió. Tiro la toalla y desfilo su lindo culo de un lado a otro desnudo de sombra, desnudo de piel, un cuerpo desnudo de alma y de huesos. Recorrió mentalmente su nueva imagen, recordó la pregunta y dijo convencida…

-NADA…